Bajo el diagnóstico compartido de que la participación de las personas trabajadoras sigue enfrentando obstáculos significativos para su ejercicio efectivo —pese a su reconocimiento normativo— se desarrolló el pasado 13 de abril de 2026 la jornada “Participación de las personas trabajadoras en la empresa”.
Organizado por GEZKI–UPV/EHU, el encuentro analizó diversas propuestas para transitar de un modelo de consulta meramente informativo hacia una verdadera democracia empresarial. En el evento coincidieron responsables institucionales, especialistas académicos, sindicatos y organizaciones empresariales, resaltando la pluralidad de visiones hacia un fin en común.
En la inauguración, la Viceconsejera de Trabajo, Elena Pérez Barredo, advirtió que los datos sobre incumplimientos en las obligaciones de información y consulta evidencian una brecha persistente entre el marco legal y la práctica empresarial. Ante la limitada capacidad de influencia real de las representaciones de las personas trabajadoras, la discusión se centró en la necesidad de una participación más allá de los modelos tradicionales.
A partir del Informe de la Comisión Internacional de Expertas y Expertos, se destacaron hitos legislativos para extender la participación más allá de la Economía Social. Entre las propuestas sobresalieron: La incorporación de representantes de los trabajadores en los órganos de administración, y el fomento del acceso a la propiedad mediante mínimos legales: un 2 % del capital en empresas de hasta 1000 empleados y un 10 % en aquellas que superen dicha cifra.
Varias de las propuestas compartidas basadas en el Informe muestran una apuesta por reforzar la voz de las personas trabajadoras, por facilitar el acceso a la propiedad y por promover una concepción de la empresa como proyecto compartido entre capital, trabajo y comunidad sin importar su tamaño.
Desde la óptica del Derecho del Trabajo, se abordó el reequilibrio de las relaciones de poder. Especial relevancia adquirió el debate sobre las decisiones estratégicas actuales como la introducción de sistemas de Inteligencia Artificial y políticas de sostenibilidad.
Uno de los puntos más innovadores fue la presentación de la profesora Rosa Mindeguia respecto a la participación desde la salud y el bienestar. Sus investigaciones han revelado que, mediante el análisis de biomarcadores (cortisol y alfa-amilasa) en pelo y saliva, los modelos de alta autonomía reducen conflictos y aumentan el compromiso, aunque pueden generar un mayor agotamiento emocional. En el ámbito de las cooperativas, esta dualidad sugiere que las personas trabajadoras podrían estar, paradójicamente, “estresadamente más contentas”. 
El cierre de la jornada puso de relieve las distintas sensibilidades del sector. La visión sindical, representada por ELA, LAB y CCOO, osciló entre el escepticismo crítico y la cautela ante el riesgo de una “cooptación” que instrumentalice al movimiento obrero sin alterar la lógica del beneficio. Por su parte, el ámbito empresarial subrayó la importancia de vincular participación y propiedad, especialmente en procesos de relevo generacional, abogando por un cambio cultural que haga atractivos los proyectos compartidos.
El consenso de la jornada fue, no obstante, unánime en un punto crítico: la democratización de la empresa es inviable sin un acceso garantizado a una información transparente y completa.